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Tierras raras: qué son y por qué le dan a China un arma económica frente al mundo

Son 17 metales casi invisibles que van en autos eléctricos, celulares y misiles. China domina su refinado, ya demostró que puede cerrar la llave y en noviembre vence la pausa de sus controles más duros.

Por Redacción Datos Interesantes 4 min de lectura
La mina y planta de procesamiento de Mountain Pass, en California, la única mina de tierras raras en operación en Estados Unidos, en 2022.
La mina y planta de procesamiento de Mountain Pass, en California, la única mina de tierras raras en operación en Estados Unidos, en 2022. Foto: Tmy350 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

En abril de 2025, en plena guerra comercial con Estados Unidos, China decidió que siete metales cuyos nombres casi nadie conoce solo podrían salir del país con un permiso especial. En pocas semanas, fabricantes de autos de Estados Unidos, Europa y Japón empezaron a advertir que se quedaban sin piezas. Así descubrió buena parte del mundo el poder de las tierras raras.

Para América Latina el tema no es lejano. De estos metales dependen los autos eléctricos que empiezan a llenar las calles de la región, las turbinas de los parques eólicos y los celulares que usamos todos los días. Y Brasil, según el Servicio Geológico de Estados Unidos, tiene las segundas mayores reservas conocidas del mundo, solo detrás de China.

Qué son y para qué sirven

Las tierras raras son un grupo de 17 elementos químicos: los 15 lantánidos más el escandio y el itrio. Pese a su nombre, no son tan escasas en la corteza terrestre. Lo difícil es encontrarlas en concentraciones que valga la pena explotar y, sobre todo, separarlas unas de otras, un proceso químico largo, caro y muy contaminante.

Su uso más importante está en los imanes permanentes de neodimio, muy potentes para su tamaño. Esos imanes mueven los motores de los autos eléctricos y los generadores de muchas turbinas eólicas, y también aparecen en los parlantes y el sistema de vibración de los celulares, en discos duros, en robots industriales y en equipos militares como misiles guiados y aviones de combate. Elementos como el disprosio y el terbio se agregan para que esos imanes aguanten altas temperaturas.

Dónde está el dominio chino

China no solo tiene minas: controla la parte más difícil de la cadena. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), el país extrae alrededor del 60 % de las tierras raras que se usan en imanes y fabrica más del 90 % de los imanes permanentes del mundo.

En el refinado, el paso clave, su peso apenas empieza a bajar. En su informe de julio de 2026, la AIE señaló que la cuota china pasó de más del 90 % en 2023 al 85 % en 2025, gracias a nuevas plantas en Estados Unidos y Malasia, y que podría caer al 70 % en 2035 si los proyectos previstos avanzan a tiempo.

Esa ventaja se construyó durante décadas, con apoyo estatal, costos bajos y normas ambientales más flexibles que las de otros países, que fueron cerrando sus propias plantas. La AIE calcula que, si los controles de exportación anunciados por Pekín en 2025 se aplicaran por completo, pondrían en riesgo unos 6,5 billones de dólares de actividad económica anual fuera de China.

Cómo China usa su ventaja

Pekín ha ido apretando poco a poco. En diciembre de 2023 prohibió exportar las tecnologías para procesar tierras raras y fabricar imanes con ellas. En abril de 2025, en respuesta a los aranceles de Donald Trump, exigió licencias para vender al exterior siete tierras raras medianas y pesadas: samario, gadolinio, terbio, disprosio, lutecio, escandio e itrio.

En octubre de 2025 anunció controles mucho más amplios, que sumaban otros elementos e incluían reglas sobre productos fabricados fuera de China con material chino. Tras la reunión entre Trump y Xi Jinping en Corea del Sur, a finales de ese mes, Pekín suspendió esas nuevas medidas por un año, hasta el 10 de noviembre de 2026. Las restricciones de abril, en cambio, siguen vigentes.

Por eso noviembre es una fecha clave. Según analistas del sector, China puede prorrogar la pausa, reactivar todos los controles o aplicarlos solo a ciertos productos o destinos.

Las alternativas: Australia, Estados Unidos, Groenlandia y Brasil

Australia es el gran productor fuera de China gracias a Lynas, que extrae el mineral en su país y lo procesa en Malasia. En 2025, esa planta empezó a separar tierras raras pesadas como el disprosio y el terbio, algo que hasta entonces casi solo se hacía en China.

En Estados Unidos, la única mina en operación es Mountain Pass, en California, de la empresa MP Materials. En julio de 2025, el Pentágono se convirtió en su mayor accionista con una inversión de 400 millones de dólares y le garantizó un precio mínimo de 110 dólares por kilo para el óxido de neodimio y praseodimio, casi el doble del valor en China en ese momento, según Reuters.

Groenlandia tiene grandes yacimientos, como Tanbreez y Kvanefjeld, pero ninguna mina activa. Kvanefjeld está frenado desde que el gobierno groenlandés prohibió en 2021 la minería de uranio, que aparece mezclado con las tierras raras de ese depósito.

En América Latina, el caso más avanzado es Brasil. La mina Serra Verde, en el estado de Goiás, produce desde 2024 un concentrado rico en neodimio, praseodimio, terbio y disprosio. A finales de 2025, la agencia de financiamiento al desarrollo del gobierno estadounidense (DFC) aprobó un préstamo de hasta 465 millones de dólares para el proyecto, ampliado después a 565 millones.

El problema es el tiempo. Según la AIE, en 2035 los proyectos fuera de China cubrirían apenas la mitad de la minería, una cuarta parte del refinado y menos de una quinta parte de los imanes que necesitará el resto del mundo. Para Brasil es una oportunidad; para los demás, una advertencia: durante años, buena parte de la tecnología que usamos seguirá dependiendo de lo que se decida en Pekín.

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