Drones Shahed: qué son y por qué Rusia los lanza por cientos contra Ucrania
Nacieron en Irán, hoy se fabrican por miles en Tatarstán y cuestan una fracción de los misiles que se usan para derribarlos. Así funciona el arma que cambió la guerra.
Desde el inicio del 14 de octubre hasta las 9 de la mañana del día siguiente, Rusia lanzó más de 850 drones Shahed contra Ucrania, según el presidente Volodímir Zelenski, que aseguró que no hubo una sola hora con el cielo libre de ellos. Detrás de esa cifra hay un aparato sencillo, de diseño iraní y fabricado en serie en Rusia, que cambió esta guerra.
Entender qué es un Shahed ayuda a leer las noticias que llegan casi a diario desde Ucrania. También sirve para ver hacia dónde van los ejércitos del mundo, incluidos los de América Latina: hacia armas baratas, producidas por miles, capaces de obligar al rival a gastar fortunas para detenerlas.
Un dron iraní que Rusia fabrica en casa
El Shahed-136 fue diseñado en Irán por la empresa Shahed Aviation Industries; su nombre significa “testigo” en persa. Es lo que los militares llaman un dron de ataque de un solo uso, o “kamikaze”: un ala triangular con un motor de hélice en la parte trasera que vuela cientos de kilómetros y se estrella contra su objetivo con una carga explosiva de decenas de kilos. No regresa a su base.
Ucrania informó que derribó el primero el 13 de septiembre de 2022 cerca de Kúpiansk, en la región de Járkov. Los restos llevaban la inscripción “Geran-2” (geranio, en ruso), el nombre que Moscú le da a su versión. En noviembre de ese año, Irán admitió por primera vez haber enviado drones a Rusia, pero dijo que fueron pocos y antes de la invasión; Kiev rechazó esa versión.
Con el tiempo, Rusia trasladó la producción a su propio territorio. El centro principal está en la zona económica especial de Alabuga, en la república de Tatarstán, a unos mil kilómetros al este de Moscú. En septiembre de 2025, la inteligencia militar ucraniana afirmó que Rusia ya podía fabricar unos 2.700 Geran-2 al mes, además de una gran cantidad de drones señuelo.
La planta sigue creciendo. Imágenes satelitales analizadas por Radio Free Europe/Radio Liberty muestran que el complejo sumó unas 340 hectáreas entre mayo de 2025 y mayo de 2026. El volumen se nota en el cielo: el Ministerio de Defensa británico calcula que Rusia lanzó cerca de 55.000 drones de ataque contra Ucrania en 2025, unas cinco veces más que el año anterior, una cifra similar a la que obtuvo el Institute for Science and International Security con datos de la Fuerza Aérea ucraniana.
Por qué llegan en oleadas de cientos
La clave está en el precio. El centro de estudios estadounidense CSIS estima que cada Shahed cuesta unos 35.000 dólares, y la revista Foreign Policy habla de entre 20.000 y 50.000. Un misil interceptor Patriot, en cambio, cuesta entre 3 y 4 millones. Derribar drones baratos con misiles caros es ruinoso.
Por eso Rusia los lanza en masa y mezclados con señuelos como el Gerbera, más simples y baratos, que a veces ni siquiera llevan explosivos. La idea es saturar: obligar a las defensas a gastar munición y atención en blancos falsos para que algunos drones reales logren pasar. El récord se registró entre el 23 y el 24 de marzo de 2026, cuando la Fuerza Aérea ucraniana contó 948 drones en 24 horas, más de la mitad en una oleada a plena luz del día, según el centro de datos ACLED y la agencia AFP.
Cómo se defiende Ucrania
Ucrania respondió con un escudo de varias capas. Hay camionetas con ametralladoras pesadas, sistemas de guerra electrónica que confunden la navegación de los drones y aviones de combate como los F-16. Según el vocero de la Fuerza Aérea, Yuriy Ihnat, la guerra electrónica puede neutralizar casi la mitad de los drones en algunas noches.
La novedad de 2025 y 2026 son los drones interceptores: pequeños aparatos, a menudo impresos en 3D, que persiguen al Shahed y explotan junto a él. Cuestan desde menos de 1.500 dólares hasta unos pocos miles, y Reuters calcula que hay alrededor de mil equipos operándolos. Un comandante de la Fuerza Aérea dijo a esa agencia en abril que ya derriban cerca del 40 % de los Shahed, frente al 25 % del invierno anterior.
El ministro de Defensa, Mijailo Fedorov, afirma que la tasa total de derribos subió al 90 %, y un análisis del Institute for Science and International Security sobre datos oficiales da un promedio parecido en el primer semestre de 2026. Aun así, con miles de lanzamientos al mes, cientos de drones siguen llegando a sus objetivos. Y Rusia ya responde con versiones a reacción, más rápidas: entre el 15 % y el 20 % de los Shahed actuales, según el mismo comandante.
Por qué importa en América Latina
El Shahed demostró que un país puede desgastar a otro con armas que cuestan como un auto usado. Estados Unidos tomó nota: en julio de 2025 presentó el LUCAS, un dron que el Comando Central reconoce inspirado en el diseño iraní, y lo usó en combate contra Irán desde finales de febrero de 2026, según el propio Comando Central y Reuters. Cualquier ejército de la región que planifique su defensa aérea tendrá que contar con esta amenaza.
La tecnología iraní de drones tampoco es ajena al continente. El 30 de diciembre de 2025, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a la empresa estatal venezolana EANSA por ensamblar drones Mohajer, otro modelo iraní distinto del Shahed. Y la alianza entre Teherán y Moscú se formalizó en enero de 2025 con un tratado de asociación estratégica que, sin embargo, no incluye una cláusula de defensa mutua.
Lo que viene es una carrera de velocidad y de costos. Rusia acelera sus drones y amplía Alabuga; Ucrania desarrolla interceptores a reacción, según Fedorov. Con el invierno en puerta y la red eléctrica ucraniana como blanco frecuente, la pregunta de los próximos meses es quién fabrica más rápido y más barato.
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