El Tapón del Darién: la selva que corta la Panamericana y que cruzaron medio millón de migrantes
Es el único tramo sin carretera entre Norteamérica y Sudamérica. En 2023 lo atravesaron más de 520.000 personas; en 2025, según Panamá, apenas unas 3.000.
En teoría, se puede manejar desde Alaska hasta el sur de Argentina por una misma red de carreteras. En la práctica, hay un punto donde el asfalto se acaba: el pueblo de Yaviza, en la provincia panameña de Darién. Desde ahí hasta el lado colombiano hay alrededor de 100 kilómetros de selva, montañas, ríos y pantanos sin una sola vía para autos. Ese hueco se conoce como el Tapón del Darién.
Durante siglos fue una frontera natural casi impenetrable. En los últimos años se convirtió en algo más: una de las rutas migratorias más transitadas y peligrosas del mundo, por donde pasaron cientos de miles de latinoamericanos rumbo a Estados Unidos.
El único hueco de la Panamericana
La carretera Panamericana es un sistema de vías de unos 30.000 kilómetros que recorre el continente de norte a sur. Su única interrupción está en la frontera entre Panamá y Colombia. Del lado panameño la ruta muere en Yaviza; del lado colombiano, la red vial se retoma cerca de Turbo, en Antioquia.
Entre ambos puntos hay bosque tropical muy denso, cerros empinados y ríos que crecen con fuerza en temporada de lluvias. En el lado colombiano, el delta del río Atrato forma extensas zonas pantanosas. Buena parte del territorio panameño está protegido por el Parque Nacional Darién, de unas 579.000 hectáreas, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1981. En la región viven pueblos indígenas como los emberá, wounaan y guna.
Por qué nunca se construyó la carretera
No es que nadie lo haya intentado. En los años setenta, Estados Unidos financió planes para completar la Panamericana, pero el proyecto se frenó por las objeciones de grupos ambientalistas y por el temor del Departamento de Agricultura estadounidense a que la fiebre aftosa, una enfermedad del ganado entonces presente en Sudamérica, se propagara hacia el norte.
A eso se suman otros obstáculos. Construir sobre suelos inestables y pantanos sería muy caro, y una carretera abriría la puerta a la tala, la colonización de tierras y la pérdida de una de las zonas de mayor biodiversidad de América. Las comunidades indígenas se han opuesto durante décadas por temor a perder sus territorios y sus fuentes de alimento. También pesa la seguridad: la frontera ha sido usada por grupos armados y redes de contrabando.
Las alternativas tampoco han prosperado. Varios servicios de ferri entre Colombia y Panamá funcionaron por temporadas, pero fueron suspendidos por falta de rentabilidad. Hoy, quien viaja en auto debe enviarlo en barco.
De ruta extrema a corredor migratorio
Lo que antes cruzaban solo aventureros y comunidades locales se volvió una ruta masiva. Según el Ministerio de Seguridad Pública de Panamá, en 2021 atravesaron la selva 133.726 personas; en 2022, 248.283, y en 2023 se alcanzó el récord de 520.085. La mayoría eran venezolanos, pero también había ecuatorianos, haitianos, colombianos y personas de Asia y África.
El viaje podía durar varios días a pie, con ríos crecidos, barro, calor extremo y asaltos de bandas criminales. Organismos humanitarios documentaron muertes y desapariciones en la ruta. Según UNICEF, solo en los primeros ocho meses de 2023 cruzaron más de 60.000 niños, muchos de ellos menores de cinco años.
En 2024 el flujo bajó a 302.203 personas. Ese año asumió la presidencia de Panamá José Raúl Mulino, quien prometió cerrar la ruta. Su gobierno bloqueó senderos no autorizados y firmó con Estados Unidos un acuerdo para financiar vuelos de deportación.
Por qué casi desapareció el flujo
El cambio más fuerte llegó en 2025. Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Estados Unidos endureció su política migratoria y aumentó las deportaciones, lo que le quitó sentido al viaje para muchos. En enero de ese año, el paso por el Darién cayó más de 90 % frente al mismo mes de 2024, según el Servicio Nacional de Migración.
Al cierre de 2025, el gobierno panameño reportó apenas 3.091 cruces, una caída del 99 % frente al año anterior. Es una cifra similar a la de 2012 y 2013, antes de la gran ola migratoria. Las autoridades atribuyen la baja tanto a sus propias medidas como a la política de Washington.
En 2026 la selva sigue casi vacía en dirección norte: los datos preliminares hablan de unos 280 cruces en el primer semestre. Lo que sí creció es el movimiento contrario. Miles de migrantes, en su mayoría venezolanos, regresan hacia Sudamérica desde México y Centroamérica, muchos de ellos en lanchas por la costa caribeña de Panamá, una ruta que también ha tenido naufragios.
La crisis dejó huella en el parque nacional. En mayo de 2026, Estados Unidos anunció un aporte de 3 millones de dólares para limpiar la basura y los restos que dejaron años de paso masivo de personas por una de las selvas más valiosas del continente.
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