Etiopía y Eritrea, al borde de una nueva guerra
Etiopía denuncia tropas eritreas a 60 km dentro de Tigray y Eritrea responde ante la ONU con una acusación de “declaración de guerra”.
En 2018, Etiopía y Eritrea firmaron la paz después de dos décadas de hostilidad, y el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, recibió por ello el Premio Nobel de la Paz al año siguiente. Ocho años después, los dos vecinos se acusan ante la ONU de empujar la región hacia una nueva guerra.
Qué pasó
El viernes 9 de octubre, el canciller etíope, Gedion Timothewos, informó al Consejo de Seguridad de la ONU que tropas de Eritrea habían avanzado hasta 60 kilómetros dentro de la región etíope de Tigray. Lo calificó de “un acto flagrante de agresión” e invocó el artículo 51 de la Carta de la ONU, que reconoce el derecho a la defensa propia.
Eritrea niega la incursión. Al día siguiente, su canciller, Osman Saleh, pidió al Consejo condenar con firmeza lo que llamó la “declaración de guerra” de Etiopía y tomar medidas disuasorias bajo el capítulo VII de la Carta, que van desde sanciones hasta el uso de la fuerza. Advirtió que un choque directo causaría una “enorme devastación” a los dos pueblos.
En el terreno ya hay movimiento. El ejército etíope dijo haber atacado con drones a soldados eritreos, y el sábado 10 sus tropas y milicias aliadas entraron en Adigrat, una ciudad de Tigray a unos 40 kilómetros de la frontera. Human Rights Watch informó el martes 13 de que recibió reportes de civiles muertos y heridos por bombardeos en el sur de Tigray, que obligaron a cerrar algunos centros de salud, aunque no hay una cifra confirmada.
Cómo se llegó hasta aquí
La crisis empezó dentro de Etiopía. El 23 de septiembre, el Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF), junto con otros grupos armados, lanzó una ofensiva contra el gobierno federal. Las fuerzas de Abiy la contuvieron y a comienzos de octubre retomaron Mekele, la capital regional. Addis Abeba acusa a Eritrea de apoyar a los rebeldes, y a inicios de mes los dos países rompieron relaciones: Etiopía expulsó a diez diplomáticos eritreos y cerró su embajada en Asmara, y Eritrea respondió de la misma forma.
Detrás está el mar. Etiopía perdió su costa cuando Eritrea se independizó en 1993, y Abiy repite que su país necesita acceso al mar Rojo. Eritrea teme que eso signifique quedarse con su puerto de Assab, y en su carta a la ONU citó a un general etíope que habría descrito Mekele como una “escala” en el camino hacia territorio eritreo.
La historia pesa. Entre 1998 y 2000, los dos países libraron una guerra fronteriza que dejó decenas de miles de muertos. En la guerra de Tigray, entre 2020 y 2022, los soldados eritreos combatieron del lado del gobierno etíope y fueron acusados de crímenes de guerra. Ese conflicto, que terminó con un acuerdo de paz en 2022, dejó según algunas estimaciones unos 600.000 muertos. Los aliados de entonces son hoy enemigos, y los rebeldes de Tigray se han acercado a Eritrea.
Qué puede venir
La presión internacional crece. El miércoles 14, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, llamó a Abiy y le pidió resolver las diferencias mediante el diálogo previsto en el acuerdo de paz de 2018, respetar la soberanía de los vecinos y evitar incursiones en su territorio.
En los días siguientes hubo señales mixtas. El viernes 16, Abiy anunció una administración interina para Tigray durante seis meses, con la misión de restablecer la seguridad y preparar elecciones. Según testigos citados por AFP y AP, parte de los soldados eritreos volvió a su país, aunque otros siguen cerca de la frontera, en zonas como Zalambessa.
Lo que pase aquí importa más allá de África. El Cuerno de África vigila la entrada sur del mar Rojo, por donde pasa buena parte del comercio entre Asia y Europa, una ruta que ya está bajo presión por los ataques de los hutíes desde Yemen. Una guerra entre Etiopía y Eritrea añadiría otro foco de tensión justo en ese paso.
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